La novela descansa en la convención de que todo está permitido porque es un campo en el que no es necesaria la veracidad, sino la verosimilitud. La veracidad está sujeta a lo posible, pero, como se dice en la novela, los hechos son un aspecto secundario de la realidad. La veracidad puede ser restrictiva, lo verosímil da amplitud. Y la novela aspira a una verdad superior, poética, que podríamos llamar lo verdadero. La realidad es eso más otras cosas, los hechos más la poesía.
Andrés Trapiello, escriptor [La Vanguardia]