En 1999 abrió, junto a un par de socios, el restaurante que le daría un nombre en el panorama de la gastronomía española: Balzac. Allí forjó el estilo que desde entonces le distingue y que supo trasladar a un libro, La cocina de Andrés Madrigal. Una historia particular de la gastronomía española (o lo que ocurrió entre el garum y la espuma de humo). Título rotundo que le valió, además del Premio al Mejor Libro de Chef 2000 en el Salón de Perigueux, el elogio de otro maestro: «No sé si me gustan más sus palabras o su cocina», cuenta que le dijo García Márquez tras cenar una noche en el restaurante.
El cocinero que no podía dormir
y su persistente aprendiz de cocina
[a Etiqueta Negra, pàgina 3 d’11]